Mucha gente suele confundir la eXperiencia de Usuario (UX) con la Usabilidad. Si bien son dos téminos estrechamente relacionados es necesario saber en qué se diferencian.
La diferencia principal es que la usabilidad es sólo uno de los elementos o componentes que forman parte de la eXperiencia de Usuario (UX), siendo la UX un concepto mucho más amplio y global.
La usabilidad hace referencia exclusivamente a la funcionalidad de un sistema interactivo y poniendo el foco en cómo de fácil y rápido es aprenderlo y utilizarlo. El objetivo de la usabilidad es puramente operativo y es inversamente proporcional al tiempo que malgastan los usuarios intentando averiguar cómo funciona la interfaz para llevar a cabo sus tareas.
Por otro lado, la eXperiencia de Usuario (UX) abarca absolutamente todos los factores internos y externos que causan alguna sensación o emoción al usuario a la hora de interactuar con el sistema en un contexto determinado. Diseñar la UX va más allá de hacer que una herramienta sea simplemente «fácil de utilizar»; atiende a que el producto cumpla exactamente las necesidades del cliente sin molestias. Para ofrecer una UX positiva hay que tener en cuenta múltiples facetas, como que el sistema sea deseable, valioso, creíble, encontrable, accesible y estéticamente agradable. De hecho, la UX es un proceso que empieza a nivel estratégico y afecta a todo el ciclo de vida de un proyecto o negocio.
En CONCLUSIÓN, podemos decir que la usabilidad mide la mecánica o la calidad del uso (poder hacer clic, navegar sin perderse, no cometer errores de proceso), mientras que la UX mide el efecto emocional y práctico global (la satisfacción de resolver un problema, la confianza en la marca, el significado otorgado al producto y la alegría de poseerlo). Un producto puede ser usable técnicamente hablando, pero si no resuelve la necesidad real del cliente de forma elegante, su Experiencia de Usuario será negativa.
